Corta venas...
Me odio. Me odio y no lo puedo remediar.
Hace poco como cualquier otra persona normal, tuve una sonrisa. No la borraba de mi rostro. La vida siempre fue un símbolo de alegría, una lucha constante pero con algún premio final, alguna recompensa. Todo era casi perfecto, o al menos, eso pensaba.
Hasta que nos reencontramos. Ya han pasado muchos siglos. Me regalastes abrazos, risas, sonrisas... mi cabeza recostada de tu pecho, tus ojos en mi mirada. Era un sueño tenerte así, jamás pensé agradecer tanto el tenerte.
Me enamoré de ti locamente sin darme cuenta. Ni dormía por esperar un tono remoto de tu voz, emocionada porque te fijastes en mi y me tratastes con cariños incomparables. No lo entendía, la felicidad no se iba.
Pero no todo es lo que parece, créeme. Luego de tan poco tiempo, mi curiosidad terminó estrellándome en la realidad. Es triste, me duele... y tanto dolor se me hace difícil de llevar.
El problema es que te amé demasiado y las palabras nunca salieron. Quedaron grabadas en el corazón, pero no alcanzaron para decirte lo que sentí y lo que llevo dentro, pero que ahora he de guardar porque a la tumba me lo voy a llevar.
La sangre será mucho más bella con tu nombre... perdóname por nunca haberte dicho todo esto.
