Carnada
Trozarlo no fue difícil. Lo extendí en la bañera y empecé a cortarlo por los tobillos. Lo dividí en pedazos de 6 a 12 pulgadas cada uno. Escurría la sangre por el drenaje y los echaba en cajas plásticas color gris. Cuando llegué a su cráneo no pude continuar. Sus ojos verdes estaban abiertos. Me miraban con la misma luz que me hipnotizaba en cada encuentro, una vez por semana.
Cuidadosamente envolví su cabeza en una bolsa. Luego, otra. La sellé con tape transparente de 2 pulgadas. Eché el paquete en otra bolsa y la anudé, como cualquier basura. Bajé las escaleras. La dejé al pie del depósito, en el sótano del edificio. Caminé un poco para despejar mi mente. Esperé.
En la ciudad recogen los desperdicios todos los días, a la misma hora. El camión no tardó en llegar. Vi como tiraron su cabeza envuelta en la parte trasera. Sentí frío de pensar que la maquinaria removiera las bolsas y dejara su rostro al descubierto, o que no resistiera el bulto y se atascara. Pero, no. Entró tan suavemente.
Suspiré aliviada. Regresé al apartamento. Quise llorar de angustia por la pérdida del amante. Pero, recordé que todavía debía deshacerme del resto de su cuerpo. Entonces, agarré dos cajas, bajé hasta el auto, las dejé en el baúl. Un segundo viaje terminó mi labor. Manejé hasta la costa y vacié las cajas.
Al otro día, el noticiario informó sobre la misteriosa aparición de tiburones que espantaron a los bañistas del área. Biólogos y conocedores de la playa unieron sus opiniones para explicar el fenómeno. Algunos pescadores se aventuraron a atrapar uno que otro animalito para venderlo a los pincheros. Turistas y residentes dieron su testimonio.
De la desaparición del amante... nada. Era tan infame que ni siquiera la gorda, su esposa, informó a las autoridades. ¿Yo? Vamos. Lo amaba tanto. A veces lo extraño. La nostalgia me lleva hasta mi ventana y calmo mis ansias al observar su recuerdo mar adentro, donde habita en los estómagos de los tiburones sobrevivientes.
Ahora él no está. Pero yo todavía sonrío y camino en la ciudad.

Señora Nostalgia dijo
Uff!! se ve que te hizo sufrir bastante, para haber acabado con él por pedacitos. Sórdida la historia, pero bien contada. Ojalá, la próxima vez escojas mejor..., para que no acabes un día de "carnicera". Brrr. Madeleine
25 Septiembre 2006 | 06:49 AM